LA DIOSA MADRE

El resultado del choque entre las formas religiosas de la Vieja Europa y las foráneas indoeuropeas se hace evidente en el destronamiento de las antiguas Diosas, la desaparición de los templos, parafernalia de culto y signos sagrados, así como en la drástica reducción de las imágenes religiosas en las artes plásticas. Este empobrecimiento comenzó en el centro-este de Europa y, gradualmente, terminó afectando a toda Europa central. Las islas del Egeo y Creta, así como el centro y oeste de las regiones mediterráneas, continuaron las tradiciones de la Vieja Europa durante varios milenios más, pero lo esencial de la civilización se había perdido.
Esta transformación, sin embargo, no se realizó mediante sustitución de una cultura por otra, sino que fue una hibridación gradual de dos sistemas simbólicos diferentes. Dado que la ideología androcéntrica de los indoeuropeos era la de la nueva clase gobernante, ésta nos fue transmitida como el sistema de creencias “oficiales” más antigua; pese a ello, las imágenes y los símbolos sagrados de la Vieja Europa nunca fueron totalmente desplazados,; tales rasgos, los más persistentes de la historia humana, se encontraban arraigados muy profundamente en la psique colectiva y sólo podrían haber desaparecido con el exterminio total de la población femenina.

Holda

La religión de la Diosa se hundió; no obstante, alguna de las antiguas tradiciones, en particular las relacionadas con los ritos mortuorios, natales y de fertilidad de la tierra, continuaron sin demasiados cambios en algunas regiones donde, incluso, se rastrean en la actualidad; en otras, se asimilaron con la idiología indoeuropea.

En la Grecia antigua, esto creó en el panteón de los dioses indoeuropeos algunas extrañas imágenes, incluso absurdas, siendo la más notable la conversión de la Diosa Pájaro en Atenea, una figura militarizada que portaba un yelmo y un escudo; la creencia en su nacimiento de la cabeza de Zeus, el dios supremo de los indoeuropeos en Grecia, muestra hasta qué punto llegó la transformación: ¡¡ de diosa partenogénica a nacida de un dios !!. Y aún así, no es totalmente sorprendente, ya que Zeus era un toro (el Dios del Trueno es un Toro en el simbolismo europeo) y el nacimiento de Atenea de la cabeza de dicho animal no era otra cosa sino el recuerdo de un nacimiento a través de un bucráneo, el cual representaba al útero en el simbolismo de la Vieja Europa.

La portadora de la Muerte, la Diosa como Ave de Presa, se militarizó y ,a sí, las representaciones de la Diosa Búho, en estelas líticas de la Edad de Bronce en Cerdeña, Córcega, Liguria, S. de Francia y España, muestran una espada o una daga. La griega Atenea y las irlandesas Morrígan y Badb aparecen en escenas de batalla con forma de buitre, cuervo, grulla o grajo. La transformación de la misma Diosa en yegua también se produjo durante la Edad del Bronce.

Las diosas partenogénicas, las cuales engendran por sí mismas, sin ayuda de la inseminación masculina, como respuesta a un sistema patriarcal y patrilineal, se transformaron gradualmente en amantes, esposas e hijas de otros dioses, erotizándose al ser ensambladas en un principio de amor sexual; por ejemplo, la griega Hera se convirtió en la esposa de Zeus; incluso éste tuvo que “seducir” (si nos ajustamos a la exactitud histórica, podríamos utilizar el verbo “violar”) a cientos de otras diosas y ninfas para establecer su supremacía. En toda Europa, la Madre Tierra carecía del poder de dar vida a las plantas si no mantenía relaciones con el Dios del Trueno o del Cielo Brillante, en su aspecto de primavera.

holle

Nombre Antiguo de la Diosa / Región de Europa
Andra Mari Euskadi / Pais Vasco
Laima Lithuania, Latvia
Nicniven, Gyre Carline Escocia
Hulda Dinamarca
Holle, Holda, Fraw Holt Norte de Alemania
Perchta, Perhta Baba, Zlata Baba Sur de Alemania, Austria
Fraw Saelde, Zälti Austria
Luca, Szepasszony Hungria
Saint Friday Estonia
Mokosh / Paraskeva Russia
Dame Habonde, Abundia France
Befana (Epiphania) Sicilia
Signora Oriente, Diana, Signora del gioco, Sapiente Sibillia Italia


En contraste, la Que Da la Vida y el Nacimiento, el Hado o los Tres Hados, sorprendentemente, continuaron sin variación alguna en las creencias de distintas zonas europeas; la griega Artemisa, la irlandesa Brigit y la báltica Laima, por ejemplo, no adquirieron característica alguna de dioses indoeuropeos ni fueron esposas de ninguno de ellos, y aunque la última aparece en las canciones mitológicas junto a Dievas, el dios indoeuropeo de la luz del cielo, bendiciendo los campos y la vida humana, no lo hace como su esposa, sino como otra diosa en igualdad de poder.

La aplicación del término reina para aquellas que no estaban emparejadas con deidades indoeuropeas y que continuaron siendo poderosas por derecho propio, indica un poder residual de la Diosa en la historia de la humanidad. Herodoto escribió “Reina Artemisa”, Hesiquio llamó a Afrodita “la reina” y la romana Diana, que no es otra que la virgen griega Artemisa, se invocaba como regina.

El culto a la Diosa, tanto en Roma como en Grecia, pervivió con gran vigor hasta los primeros siglos de nuestra era, hasta el momento de expansión del Cristianismo y de la adopción de los cultos egipcios por el mundo romano. EL relato más inspirado de toda la literatura antigua aparece en el Asno de oro, escrito por Lucio Apuleyo en el siglo II d.C.; se trata de la primera novela en latín, en la de Lucio invoca a Isis desde las profundidades de su tristeza, tras lo cual, aparece ella y le dice: “Yo soy la madre natural de todas las cosas, señora y rectora de todos los elementos, la progenie inicial de los mundos, poseedora de los poderes divinos, reina de todo lo que hay en el Infierno, señora de todos los que viven en el Cielo, que se manifiesta única y bajo una sola forma en nombre de todos los dioses y diosas. Dispongo a mi voluntad de los planetas del cielo, los saludables vientos de los mares y los omninosos silencios del infierno; mi nombre, mi divinidad, se adora por todo el mundo y de diversas maneras, con costumbres variables y bajo muchos nombres” (negrita añadida por la autora). Este texto aporta detalles muy valiosos del culto a la Diosa hace casi 2.000 años.

Boadicea
Boadicea

La invocación de Lucio es un testimonio de que, para las gentes de los primeros siglos de nuestra era, la Diosa tenía mayor significación que otros dioses. En el mundo greco-romano, las gentes, obviamente, no estaba satisfecha con lo que le ofrecía la religión oficial indoeuropea y, así, se practicaban cultos secretos – Religiones Mistéricas (Dionisíaca, Eleusiana)- que procedían de claramente de de la Vieja Europa y proporcionaban un modo de sentir las experiencias religiosas del pasado.

Posteriormente, ya en la era Cristiana, la Madre Tierra y la Diosa Parturienta se fusionaron en la Virgen María; así, no es sorprendente que en los países católicos su culto supere incluso al de Jesucristo. En ella existe aún una conexión con el agua vital y los milagrosos manantiales curativos, con los árboles y las flores, con los frutos y las cosechas; es Pura, Fuerte y Justa. En las esculturas populares en las que se le representa como la Madre de Dios, su imagen es grande y poderosa, mientras que, en su regazo lleva a un Niño Jesús muy pequeño.

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Las Diosas de la Vieja Europa aparecen en narraciones populares, creencias y canciones mitológicas. La Diosa Pájaro y la antropomorfa Diosa Donante de Vida, pervivieron como un Hado o Hada y, también, con la forma de un ánade, un cisne o un carnero que trae suerte o fortuna; como profetisa, es un cuclillo y, como Madre Primitiva, aparece bajo la forma de un ciervo sobrenatural (mitología irlandesa) o de un oso (griega, báltica y eslava).
El culto a la serpiente no venenosa como símbolo de energía vital, renovación cíclica e inmortalidad, pervivió hasta el siglo XX; la mística de su hibernación y despertar, como metáfora de la naturaleza que muere y revive, como símbolo esencial de la inmortalidad de la energía vital, se conservó en Irlanda y en Lituania hasta nuestro siglo, donde la corona de una gran serpiente (la Reina) sigue siendo el símbolo de sabiduría.
La presencia de la Dama Blanca, la “Muerte”, la cual aparee en forma de ave de presa y de serpiente venenosa, se dejó sentir en distintos países de Europa hasta el presente siglo, a través de estremecedoras imágenes, como la de la mujer alta y vestida de blanco, el grito del ave nocturna y el reptar de una serpiente ponzoñosa, las cuales proceden directamente del Neolítico. La Dama Blanca no llegó a transformarse en el indoeuropeo dios negro de la muerte, al igual que la utilización del hueso y los colores blanco y amarillo, como símbolos luctuosos, convivieron en las creencias europeas conjuntamente con el negro, color de luto en las religiones indoeuropea y cristiana.

La Regeneradora-Destructora, supervisora de la energía cíclica, personificación del invierno y Madre de los Muertos, pasó a ser una hechicera de la noche, dedicada a la magia que, en tiempos de la Inquisición era considerada como discípulo de Satanás. La desentronización de esta Diosa verdaderamente formidable, cuyo legado fue transmitido a través de mujeres sabias, profetisas y curanderas –que eran las mejores y más valientes mentes de la época-, está manchada de sangre y es la mayor vergüenza de la Iglesia Cristiana: la caza de brujas de los siglos XV a XVII fue un acontecimiento de los más satánicos en la historia europea, llevado a cabo en nombre de Cristo; la ejecución de las mujeres acusadas de brujas ascendió a más de ocho millones y, la mayoría de ellas, colgadas o quemadas, eran, simplemente, mujeres que aprendieron la sabiduría y los secretos de la Diosas de sus madres o abuelas. En 1484, el Papa Inocencio VII denunció en una Bula Papal la brujería como una conspiración contra el Santo Imperio Cristiano, organizada por el ejército del Diablo y, en 1486, apareció el manual de los cazadores de brujas, el “Malleus Maleficarum” (El Martillo de las brujas) que se convirtió en una indispensable autoridad para el terror y el homicidio, ya que se permitía el uso de cualquier tortura física y psicológica para obtener la confesión de las acusadas. Este periodo puede jactarse de haber sido el de mayor creatividad en el descubrimiento de instrumentos y métodos de tortura. Éste fue el comienzo de peligrosas convulsiones de gobiernos androcráticos que, 460 años después, llegaron a su cenit en la Europa del este de Stalin, con la tortura y asesinato de cincuenta millones de hombres mujeres y niños.

A pesar de la terrible guerra entablada contra las mujeres y su sabiduría, así como la demonización de la Diosa, sus recuerdos pervivieron en cuentos de hadas, ritos y costumbres, incluso en distintas lenguas. Las colecciones de cuentos, como los alemanes de Grimm, son ricas en motivos prehistóricos que describen las funciones de esta Diosa del Invierno, Frau Holla (Holle, Hell, Holda, Perchta, etc...). Ella es la Vieja Bruja de nariz ganchuda y pelo desgreñado, cuya energía emana de los dientes y el pelo; provoca la nieve y las tempestades pero, a la vez, regenera la naturaleza la naturaleza; hace que el sol brille y, una vez al año, aparece en forma de paloma, lo que supone un acto de consagración que asegura la fertilidad. Como rana, Holla saca la manzana roja, símbolo de la vida, del pozo en el que cayó durante la cosecha y la trae de nuevo a la tierra. Su reino es el interior de las montañas y la profundidad de las cuevas (Holla, el nombre de la Diosa, y Höhle, que significa “cueva”, están claramente emparentados y, en su acepción actual, Hell es la acción de las misiones cristianas. A Holla, como Madre de los Muertos, se le hacían sacrificios consistentes en el enhornado de un pan llamado Hollenzopf, “la trenza de Holla”, durante las Navidades. El Holler o Hollunder, “el saúco”, era el árbol sagrado de la Diosa, el cual tenía poderes curativos y, debajo de él, vivían los muertos.
Esta poderosa Diosa juega aún un importante papel en las creencias que se conservan en relación con otras deidades femeninas europeas, como la báltica Ragana, la rusa Baba Yaga, la polaca Jedja, la servia Mora, Morava, la vasca Mari o la irlandesa Morrígan, lo cual demuestra que no fue borrada del mundo mítico. Hoy, es una inspiración para el renacer de la herbología y otras artes curativas, al mismo tiempo que alienta y fortalece la confianza en la mujer, mejor que ninguna que otra entre las diosas.

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Guerrera-Jueza germana armada, Siglo I ac

La tradición europea reúne a un gran numero de diosas o heroínas a quienes los pueblos de la antigüedad atribuían poderes similares a los de las brujas o hechiceras. Algunas de ellas encarnaban la energía de los elementos femeninos del Cosmos: el Agua, la Tierra y la Luna. Otras, en cambio, se adjudicaban el dominio de las fuerzas ocultas, el mando de las bondades o la furia de la naturaleza. Todas, sin embargo, tejían con sus manos mágicas el destino del hombre en este mundo. En este informe le explicamos que nombres recibían estas deidades y que atributos poseía cada una de ellas.

Badajaga: Bruja de la tradición rusa, reina de los bosques y los animales. Sus advertencias eran temidas y respetadas, pues ella era la administradora implacable de la muerte.

Dánae: Hija de Eurídice, fue encerrada por su padre en una cámara de bronce bajo tierra, debido a que el oráculo predecía que el hijo de Dánae iba a dar muerte a su abuelo materno. Zeus, transformado en lluvia de oro, penetro por una hendidura del techo y obtuvo su amor. De esa unión nació Perseo. Entonces, la madre y el niño, fueron encerrados en un cofre, y arrojados a la furia del mar. Sin embargo, a través de sus mágicos poderes, Dánae, logro salvar su vida y la de su hijo, liberándose ambos de su encierro.

Diana: Benéfica deidad del bosque, venerada por los romanos, identificada con la diosa Artemisa de los griegos. Reina de la naturaleza salvaje, la selva virgen y las bestias que la pueblan, gobernaba la femineidad y la fertilidad, tanto de las mujeres como de las tierras. Sus atributos se relacionaban con la energía lunar, que rige las funciones orgánicas exclusivamente femeninas.

Hècate: Divinidad griega que gobernaba la juventud. Era la encargada de otorgar la prosperidad material, la elocuencia, y la victoria en las batallas y los juegos. Presidía la magia y los encantamientos. Gobernaba la Tierra, el Cielo y el Infierno. Se la representaba con tres cuerpos y tres cabezas: de león, de perro y de yegua. Otras veces asumía la forma de hechicera, con serpientes enroscadas en sus cabellos. Deidad lunar por excelencia, simbolizaba sus tres fases visibles: llena, creciente y menguante. Parece haber sido en principio una diosa benévola pero, con el transcurso del tiempo, fue adquiriendo preponderancia su aspecto destructivo y se la fue asociando con la hechicería. Presidía las purificaciones y aparecía por las noches, escoltada por un cortejo de perros infernales.

Holda: Diosa de la tradición nórdica y de la mitología germánica que representa a la Madre-Tierra. Era la encargada de repartir amor y fortuna. Adelantaba, durante las noches, el trabajo de las hilanderas y tejedoras. Velaba el orden domestico, protegía a los recién nacidos y otorgaba el don de la fecundidad a las mujeres. Premiaba las virtudes femeninas y castigaba la violencia. Se le adjudicaban los escarmientos para la ineficiencia en el trabajo y el desorden domestico. Su pájaro mensajero era la cigüeña. Su energía daba origen a las tormentas de nieve, las que provocaba sacudiendo en la tierra el edredón de su lecho. Aparecía cada año ante los hombres sobre un caballo blanco, seguida por un cortejo de mujeres y almas de niños muertos.
La conexión de Holda con el invierno son remitentes al culto de los espíritus femeninos en el invierno en Inglaterra y Escandinava. En el caso de Holda es probable la práctica común de la rueca, ya que hacia mucho frió para trabajar afuera. También la estrella de Frigg, símbolo en"Orion" sólo es claramente visto en el hemisferio norte durante en el invierno.

Boadicea: La Reina Cartismandua / Castimandua de los Brigantes britanos hubo de luchar para defender su trono, porque a raíz de repudiar a su esposo Caracatus (al que había hecho reinar), éste se levantó contra ella. Lo venció ayudada por los romanos. Es famosa la Reina de los Icenios / Icenianos Boudica / Boadicea / Búdica que se apoderó de Calchester, Londres y otras ciudades. Encabezaba el ejército que se resistió y luchó de forma encarnizada contra la invasión romana dirigidos por Suetonio en el año 60 dne (que había arrasado ya la isla de Môn), para lo cual utilizó sus dotes proféticas para incitar y fanatizar a sus seguidores para que lucharan en la guerra. En palabras de MARKALE en (1989, 126): “… la reina bretona Budicca, que se rebeló contra los romanos, ofrecía sacrificios y acciones de gracias a la diosa Andrasta…” Y a pesar de su resistencia y tras encarnizada lucha, fue derrotada por los romanos en el año 60 dne. (Realizó una escultura de ella con sus dos hijas el escultor Jaime Havard Thomas). De ella manifiesta RUTHERFORD en (1994, 29): “… reina y capitana de los icenios británicos. De enorme complexión, sujetando la lanza con puño fuerte, un voluminoso torque rodeándole el cuello y melena roja hasta la rodilla ondeando como una bandera, rompió las filas de la IX Legión romana en su cuadriga de ejes cortantes.” Y dice WÖLFEL en (1968, 339): “Y las mujeres, como la reina de los icenios, Boudica, incitan a la lucha contra los romanos y conducen los ejércitos. La rubia britana es reconocida sin oposición como caudillo, y cuando el emperador Claudio perdona al rey cautivo Caratacus y a su séquito, éstos, según sus costumbres, dirigen su expresión de gracias también a la emperatriz Agripina“.

Arduina: La Diosa Cazadora Arduina se representaba armada y con perra. En Iliria / ALBANIA, la Reina Teuta en el siglo III adne organizó un ejército de 500 infantes a los que ordenó apresasen las naves que surcaban y atacaban las costas de su territorio del Adriático. Al causar a los romanos grandes pérdidas Roma le declaró la guerra. Luchó de manera muy valerosa al frente de su ejército vestida de Guerrera en la guerra ilírica del año 228 adne, atacó el Épiro y mató a los mercaderes itálicos de Fenice. Fue vencida por los romanos en el año 229, ayudados por el Rey Demetrio de la isla cercana Faros / Lesina, que la obligaron a ceder gran parte de su territorio, a pagar tributo a Roma, a comprometerse a no salir del Adriático y a gobernar en lo sucesivo pacíficamente. En la segunda guerra ilírica (220 - 219 adne) venció a Demetrios y lo despojó de su reino, aunque éste a continuación asoló la región, hasta que por fin se firmó la paz de Fenice en el año 205 ac

Inar/Inara/Inaras:la Diosa Hitita que pidió ayuda y la aceptó del mortal Hupasiya para luchar y matar al dragón / serpiente Illuyanka. La Diosa lo convirtió en su amante, le construyó una casa en lo alto de una peña y le prohibió contactar con otros humanos. Al desobedecerle la Diosa lo mató

Lamia: Monstruo fabuloso con cuerpo de dragón y rostro de mujer. Esta figura mitológica de origen griego, representaba el espíritu vengador de la reina de Saba. Hera, la legitima esposa de su amante -Zeus-, en un ataque de celos, la privo de su hijo. Desde entonces, enfurecida de dolor y transformada en demonio, robaba a los recién nacidos de la cuna para nutrirse de su sangre.

Aifé: En GRAN BRETAÑA, ESCOCIA e IRLANDA se conoce la Amazona irlandesa Aifé / Aoife vencida por Cuchulain; la Guerrera Ness (epónimo de un río y lago donde se cree habita un monstruo ¿la misma Nessa, Madre Virginal del rey Conchobar del Ulster, tras tomar bebida que le ofreció Cathbad?); la Guerrera Fiacal que enseñó los rudimentos de la caza y de la defensa personal a Fionn / Demne en la ladera de Slieve Bloom; la escocesa Guerrera Scatach “instructora de armas” de Cuchulainn (RUTHERFORD, 1994: 29) y las escocesas Guardianas de la isla Mona / Môn, hoy Anglesey, situada frente al País de Gales, que se opusieron a la invasión romana: «desgreñadas mujeres de negro ropaje, cual furias blandiendo antorchas» según cita de RUTHERFORD a TÁCITO (1994, 58).

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Figura de Diosa que decora el mango de un cuchillo de bronce, de Holstein, Dinamarca
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Carro austríaco con cortejo de mujeres y varones armados junto a Diosa Noreia, I milenio ac

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Cazadora de Astuvansalmi, Finlandia, año 2000 ac
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Atleta yugoeslava, siglo VI dc

No hay duda de que las imágenes y los símbolos sagrados de la Vieja Europa siguen siendo una parte fundamental de la herencia cultural europea. La mayoría de nosotros, durante la infancia, estuvimos rodeados del mundo de las hadas, el cual contiene muchas imágenes transmitidas desde aquellos lejanos tiempos. En algunos rincones de Europa, como en mi país natal, Lituania, todavía fluyen los ríos y manantiales milagrosos y sagrados, florecen arboledas y bosques sacros que son prósperas reservas vitales, crecen retorcidos árboles rebosantes de vitalidad y con poderes curativos; a lo largo de los cursos de agua, todavía se mantienen en pie menhires, llamados “Diosas”, plenos de misterioso poder.

La cultura de la Vieja Europa fue la matriz en la que se engendraron creencias y prácticas muy posteriores; consecuentemente, no era fácil borrar recuerdos de un larguísimo pasado ginecocéntrico y, por ello, no es sorprendente que el principio femenino juegue un importantísimo papel en la visión subconsciente y en el mundo de la fantasía onírica; aquél, en terminología jungiana, sigue siendo “el depositario de la experiencia humana”, así como la “estructura profunda” y, para un arqueólogo, es una realidad histórica ampliamente documentada.

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Escena del caldero de plata de Gundestrup.

Una Sacerdotisa realizando un sacrificio sangriento, para que la armada de la Diosa / Reina Rigani venciese en su lucha contra su esposo

La lucha contra la brujería tiene su prólogo, a finales del siglo IX, en el Canon Episcopi, en donde un eclesiástico franco, Regino von Prum, condena la creencia popular en ciertas mujeres diabólicas que, dirigidas por la diosa Diana (nombre latino de Artemisa-Hécate, la divinidad griega, ligada al mundo de las sombras, que preside la magia y los hechizos), cabalgan en grupos atravesando los cielos nocturnos. Aproximadamente dos siglos más tarde (1159), el nombre de Herodías (nieta de Herodes el Grande y esposa de Herodes Antipas que reinó en Galilea del año 4 a. de C. al 39 d. de C. y mandó encarcelar y cortar la cabeza al Bautista) hace su aparición en un texto de Juan de Salisbury, basado en el Canon, junto con el ya citado de Diana y uno nuevo, el de Holda (diosa, más del folklore que del panteón germánico, que representa la tierra y la fertilidad, y se asimila tanto a Frigga, mujer de Wotan, como a la escandinava Hel, reina de los infiernos y los muertos). De ahora en adelante, éstas van a ser las señoras de la noche que conduzcan las salvajes y demoníacas cabalgadas de las brujas y que merecerán, junto con el hada Abundia (al parecer, un avatar de la diosa mortuoria celta Hipona)”.
Tanto Diana como Holda tienen tradicionalmente el poder de volar, y una leyenda medieval europea relata que Herodías, después de hacer decapitar al Bautista, insultó (o besó, según otras versiones) su cabeza y, entonces, de ésta salió un viento tan fuerte que se llevó a la mujer por los aires, condenada a vagar durante toda la eternidad. También resulta interesante resaltar que uno de los nombres de Wotan, en su calidad de dios del aire y de la tormenta, es el de Hrjotr (“el que ruge”), similar fonéticamente a Herodes, o a Herodías; quizá, por ello, en el Medievo se llamaba a la cacería salvaje: “cacería de Odín” y también “cacería de Herodes”.

N.P. Arbo, La cacería salvaje

Este mito tendrá una gran influencia sobre el imaginario medieval, especialmente del norte de Europa, en donde era conocido y temido desde tiempos inmemoriales, y se dispersará por toda su geografía hasta convertirse en leyendas como la de la Santa Compaña, en Galicia, o la del Mal caçador Comte Arnau, en Cataluña. El ruido del viento que resonaba por los páramos, los montes o los bosques era, especialmente para los pueblos celtas y germanos, el anuncio terrorífico de una aparición fantasmal: la partida de caza que, sobre veloces caballos negros y rodeada de una jauría de perros, que escupían fuego por los ojos y la boca, bajaba del cielo oscuro para arrebatar la vida al viajero que se topara con ellos, si no se arrojaba al suelo sintiendo cómo las gélidas pezuñas de los caballos espectrales pisoteaban su espalda. En la tradición germánica, el jefe de la cacería salvaje es, por excelencia, el dios Odín, cabalgando sobre Sleipnir (su corcel de ocho patas), que unas veces va acompañado de la diosa Holda y, otras, de esas divinidades guerreras y funerarias que son las walkirias y que desarrollan su cacería sobre los campos de batalla, escogiendo, para el Walhalla, a los más valientes de los héroes.

 






 
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