LAS NUEVE NOBLES VIRTUDES

LABORIOSIDAD

 

De acuerdo al concepto del antiguo testamento, el trabajo es una maldición. El liberalismo hizo suya esta falsificación: el trabajo no es más que mercancía que se debe vender al precio que fije la oferta y la demanda. El burgués siempre consideró al trabajador como un ser humano de segundo orden, un mal necesario al que habría que eludir. De hecho con la automatización de los procesos se ha reducido considerablemente la mano de obra necesaria, siendo unas de las causas determinantes del paro que sufrimos en la actualidad. El olor de sudor y trabajo no era apropiado para las narices de los “señores finos”, estos eran aquellos que explotaban ávidos de lucro al trabajador, y engordaban con su sudor. El abismo entre capital y trabajo fue abierto espantosamente hondo. El trabajador  se debatió entre la Finanza y el Comunismo, siendo un esclavo de cada uno de los dos sistemas, inválidos para el hombre del siglo XXI.

De un lado estaba el trabajo, despojado de todo valor ideal y de todo sentido ético, percibido más y más como una carga agobiante, como estupidez digna de lástima; del otro lado emergía el capital en manos de miserables que bailaban la demencial danza alrededor del becerro de oro, cuyas máquinas machacaban día y noche al ritmo de “recoger vorazmente, recoger vorazmente”. ¡Ninguno de ellos pensaba en crear valores a través del capital, para la comunidad, y dar así al capital su fundamento moral! El Odinismo solo concede una nobleza: la nobleza del trabajo es la nobleza del rendimiento.

Donde quieras que estés trabajando lo mismo si es en la galería de una mina, sobre la cubierta de un barco, en la cadena de montaje, junto al retumbante yunque, o al arado, en el escritorio o el pupitre del profesor, noble es todo trabajo, y el barrendero no es de nobleza menor que el consejero de estado, siempre que dé el justo sentido a su trabajo.

¡Trabajo es felicidad, trabajo es alegría! Bajo este pensamiento ha de estar  centrada tu labor diaria, ¡trabajador!, no subestimes tu actividad, pues ella es necesaria. ¿Qué resultaría si tuviésemos solo empleados, solo gente improductiva que no da ningún beneficio y ningún trabajador? También tú eres una parte importante del mecanismo en la gran fábrica que es nuestra comunidad popular, tu actividad es esencial para el bienestar del pueblo.

¿Te avergüenzas DE TU SACO SUCIO DE TIERRA Y REMENDADO? Llévalo con orgullo, Hermano mió!, noble es el sudor que lo impregnó, y sagradas son las huellas de tu laboriosidad, y todo remiendo vale como distintivo de honor de tu incansable fatiga.

¡Trabajo es bendición! ¿Qué hay más hermoso que producir con ardiente celo? ¿Qué da alegría más pura que ver generarse y crecer bajo tus pensamientos y tus manos? Tú obra, ¿qué puede darte mayor orgullo?

Tú no trabajas únicamente por el dinero, porque entonces serías un triste jornalero; Tú eres un hombre libre que trabajas porque el trabajo es para ti la más profunda necesidad de la vida, porque ves en él un pedazo de la fuerza divina que los Dioses crearon y plasmaron, más que sobre la gris vida cotidiana que se levanta hacia las estrellas.

Trabajo no es solo deber para ti, es tu sagrado derecho, es un don divino. ¡Dichoso de ti si tienes tu espíritu sano y tus miembros sanos!

Algo infinitamente triste está en el que no tiene trabajo, que quisiera producir con manos alegres y sentimiento gozoso, y a quien no le está permitido producir, y que se siente expulsado del círculo de los que actúan y trabajan, pero él tiene el ansia por el trabajo. Condenado por el capitalismo salvaje a prostituirse por unas cuantas monedas o por el contrario a la indigencia más absoluta, desprovisto de su más sagrado derecho: A crear y mantener una familia y desarrollarse como persona.

Pero, ¡ay! del que no lleva en sí este deseo, y que desperdicia sus días, y que aunque estuviese ataviado con oro y púrpura su condición es más miserable que la del animal que lucha para cubrir las necesidades y el alimento de su subsistencia.

El que no trabaja no tiene derecho a alimentarse “¡solo se gana la libertad como quien a diario se levanta y lucha DIA tras DIA para ganarse ese derecho que nadie le garantiza!”
Sagradas son las cicatrices del soldado pero no menos sagrados son los callos de los trabajadores, las noches gastadas por los estudiantes y los cuidados de las madres.
¿Cómo conseguir ser más laboriosos?

1. Laboriosa es la persona que ama el trabajo y trata de hacerlo bien.


2. La laboriosidad lleva implícito el afán de aprovechar el tiempo, de concentrarse en el trabajo y de no abandonar actividades a medio hacer.


3. Haz el trabajo con entusiasmo, de buena gana, con empeño, aunque estés cansado y te suponga esfuerzo.


4. Un enemigo de la laboriosidad es la dispersión de tus actividades, confundiendo este valor con el activismo. Huye de la precipitación.


5. Una manera de perder el tiempo es hacer muchas cosas simultáneas, y no acabar ninguna de ellas. Otra forma de perder el tiempo es hacer las cosas mal, pues hay que repetirlas.


6. Un enemigo grande de la laboriosidad es la falta de diligencia; es decir aplazar las cosas, llevar un ritmo cansino, no tener iniciativas…


7. Respeta el tiempo de los demás: se puntual. No interrumpas el trabajo de otros. Prepara las reuniones. Estudia los asuntos antes de hablar con otra persona. Así tu tiempo y el de los demás será más productivo.


8. Laboriosidad es hacer en cada momento lo que se debe hacer; no lo más urgente ni lo que más nos gusta. Primero lo Primero.


9. Cuando estés cansado haz una actividad que le exija menos esfuerzo; cambia de ocupación. Distribuye los distintos trabajos a lo largo del día y la semana según el nivel de dificultad y tu capacidad productiva.

 

 

 

Comunidad Odinista de España-Asatru 2007-2008